El Rey y la Reina

No bajan del pedestal y están de Shoping por las Gobernaciones e Intendencias

Nombre: Mongol

01 febrero 2007

NESTOR SCIBONA - (INDEC)

Jueves 1 de febrero de 2007
Noticias Economía Nota

Néstor Scibona
¿El imán debajo de la brújula?

Si no ha sido una arbitrariedad, por lo menos resulta institucionalmente inoportuno y sospechoso que el Ministerio de Economía haya resuelto el desplazamiento de la funcionaria técnica del Indec a cargo del índice de precios al consumidor (IPC), justo cuando este indicador registró en enero el alza mensual más alta del último año. A falta de información confiable, es casi imposible desvincular este episodio del obsesivo afán del Gobierno por mostrar un IPC lo más bajo posible aunque la inflación tienda a ser más alta.
Hasta ahora la política oficial consistió casi exclusivamente (a través de acuerdos, congelamientos, subsidios e intervenciones en los mercados) en evitar subas en los precios de bienes y servicios que más incidencia tienen en la variación del indicador. En cambio, los precios libres con escaso peso en el IPC crecieron en 2006 a un ritmo equivalente a casi el doble que los regulados. Esta estrategia de concentrar toda la artillería intervencionista sólo en los componentes más sensibles del IPC viene creando en la opinión pública la sensación de que la temperatura que marcan los índices de precios es más baja que la sensación térmica que perciben los consumidores.
Sin embargo, lo que se manipularon hasta ahora fueron los precios y no los índices, como suele creer mucha gente que sospecha de la existencia de estadísticas "dibujadas".
La novedad es que los cambios en el Indec ahora pueden tornar creíble que esa sospecha pueda transformarse en realidad. En otras palabras, que además de bajar artificialmente la fiebre también se busque alterar el termómetro. Si esto fuera así, el IPC terminaría de perder representatividad y relevancia como indicador oficial para transformarse sólo en un dato político de la inflación a la que aspira el Gobierno, aunque ésta no se corresponda estrictamente con la realidad. Lo cual también es grave si se tiene en cuenta que el IPC es la misma base del CER, con el que se ajustan no pocas operaciones financieras públicas y privadas (ver pág. 2). Por más que el Ministerio de Economía haya tratado de minimizar este relevo escudándose en argumentos secundarios (vencimiento de concursos, personal de cuarta línea de responsabilidad, filtraciones de información y rigidez de mediciones), resulta imprescindible que se ocupe de aclararlo con la mayor transparencia y, en lo posible, con los protagonistas a la vista. De otra manera, corre el riesgo de que se instale la idea de que puede haber un imán debajo de la brújula en los índices oficiales. Sobre todo ahora, cuando ni los especialistas saben a ciencia cierta cómo se miden a los efectos estadísticos algunas insólitas innovaciones oficiales, como los "precios de referencia" de la carne en Liniers o de las frutas y verduras en el Mercado Central, o los aumentos simultáneos del 2 y del 22% en la medicina prepaga, que bien pueden haber detonado estos cambios, a menos que se demuestre lo contrario. Hay una historia de décadas caracterizada por tensiones entre la conducción económica y técnicos del Indec cuando los índices no arrojan las cifras que espera el gobierno de turno y también de creación de índices inflacionarios paralelos por necesidades políticas. Pero la historia no justifica dejar de lado el objetivo de fortalecer institucionalmente al organismo y actualizar las canastas de consumo -que en el caso del IPC llevan ya más de 10 años de antigüedad- para que las estadísticas reflejen mejor la realidad y no se conviertan en motivo de sospechas.
Al fin y al cabo, la información pública les pertenece a todos y no sólo a quienes gobiernan.
Por Néstor O. Scibona Para LA NACION
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